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lunes, 20 de mayo de 2013

La importancia de las palabras

Suaves como el bálsamo, afiladas como puñales

El barquero Creonte ayudando a cruzar el río Aquerón
Acabo de leer el testimonio que dejó en 1998 la doctora Jane Poulson, de la Universidad de Toronto, cuando inesperadamente fue diagnosticada de un carcinoma inflamatorio de mama, el más agresivo y temido de estos cánceres, y me ha dejado realmente impresionado. Ella que había impartido infinidad de seminarios acerca de "cómo dar malas noticias", que se había enfrentado en multitud de ocasiones a la terrible prueba de tener que comunicar a familiares y pacientes la realidad cruda y los malos presagios  de una enfermedad devastadora, que se creía así misma una experta en lidiar con humanidad y tacto esas delicadas situaciones, se dio cuenta de repente de lo desenfocada que había estado en muchas de las cuestiones que antes, como profesional, daba por bien hechas y acertadas y que ahora, como paciente, sufría indefensa como si fueran el más gigantesco de los despropósitos. Y, la mayoría de las veces, se trataba de pequeñas cosas, pequeños gestos, pequeñas acciones, casi triviales para el médico que interviene, pero de una hondura emocional telúrica para el paciente que las recibe. En una muestra de irónica elocuencia las denominó las "píldoras amargas de tragar".

viernes, 26 de abril de 2013

Atención al proceso de morir

¿Sabemos prestar atención adecuada a los moribundos?

A los  profesionales médicos y de enfermería nos enseñan en las Universidades a curar, a diagnosticar, tratar y prestar los cuidados necesarios para que las personas se recuperen de las dolencias que les afligen. Muy poca atención se presta, en mi caso particular puedo asegurar que ninguna, a la forma en que debemos ayudar a las personas a morir. Y eso pese a que en España anualmente fallecen cerca de 400.000 personas (388.000) y más del 40% (155.000) lo hacen en un centro hospitalario. Tradicionalmente eran las familias quienes se ocupaban de este último trance y quienes guiadas por la experiencia colectiva de hechos similares anteriores, la intuición de sus afectos, el apoyo de amigos y vecinos y el consejo sabio de los próceres sociales (médicos, sacerdotes, etc) trataban de que ese proceso de tránsito fuera lo menos angustioso y doloroso posible para el moribundo y para ellos mismos, los propios allegados.