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miércoles, 20 de febrero de 2013

El abismo infranqueable

El eterno problema de la coordinación AP-AE

Si a cualquiera de nosotros, tras llegar a una ciudad lejana en el más moderno y supersónico de los aviones, nos dejaran tirados en el aeropuerto, sin posibilidad de comunicación con la ciudad de destino (¡ahí te quedas!) o con unos medios de transporte tan desacompasados de horario con la llegada de nuestro vuelo que tuviéramos que esperar tanto tiempo como el que ha durado el propio vuelo, pensaríamos que quien ha pensado eso es un cretino o directamente un canalla. No se entiende que los diferentes medios de transporte que han de llevarnos hasta nuestro destino no estén coordinados en horarios y puntos de acceso para que el viaje resulte cómodo, fluido y sin esperas que amarguen y crispen la paciencia.

jueves, 10 de enero de 2013

Decisiones compartidas

Formar equipo con los pacientes


Los tiempos están cambiando. La verdad es que el cambio es continuo (ya desde que nos lo contó Heráclito) y nunca desfallece, pero cuando el movimiento supera alguna barrera o límite especialmente significativo se hace notar con más evidencia. Y ahora estamos superando un nuevo escollo, alcanzando un nuevo paradigma que nos hace tomar conciencia de ese movimiento incesante: el paradigma de las decisiones compartidas. 

A lo largo de estos últimos años hemos estado pasado de un modelo asistencial paternalista y de autoridad en el que el médico era un experto que tomaba las decisiones por cuenta de los pacientes a un modelo cada vez más participativo y centrado en los valores del propio paciente. Pero hasta ahora creo que esta transición se ha hecho de forma un tanto superficial y timorata y toca ahora de verdad hacerla es serio. Todas las condiciones apuntan a ello: el mayor nivel educativo de los ciudadanos, las posibilidades informativas de internet, la evidencia científica, la crisis económica....

jueves, 20 de diciembre de 2012

El sexo no tiene edad

... o de como informamos a los pacientes

Me han quitado mi golosina...
En el reverso de una encuesta enviada para comprobar su grado de satisfacción con la asistencia recibida, un hombre de 77 años anotaba con renglón titubeante el siguiente comentario: “estoy muy agradecido a todos porque me han tratado muy bien, pero lo peor es que me he operado de próstata y no me dijeron que después no iba a poder disfrutar del ‘seso’…”, dando a entender que si se lo hubieran advertido debidamente, corriendo se hubiera operado. La anécdota, absolutamente verídica, es interesante porque ilustra de forma sencilla y directa una contradicción que puede estar dándose en nuestro sistema sanitario, no sabemos en qué medida: proporcionar muy satisfactoriamente unos servicios que de saber sus consecuencias los pacientes dudarían si dejarse prestar o no.

Y todo esto tiene que ver, ni más ni menos, que con el derecho que los pacientes tienen –tenemos- a conocer toda la información sobre cualquier actuación en el ámbito de nuestra salud y a decidir libremente entre las opciones clínicas disponibles, derechos ambos reconocidos en la Leybásica 41/2002 reguladora de la autonomía del paciente y de los derechos yobligaciones en materia de información y documentación clínica. Obviamente en el caso que nos ocupa, los médicos y resto de profesionales, a los que nuestro paciente agradecía su atención, no le dijeron o no supieron transmitirle adecuadamente que una de las secuelas que puede aparecer con relativa frecuencia tras una prostatectomía es la impotencia sexual. También cabría la posibilidad de que no consideraran necesario insistir mucho sobre ese riesgo: total, 77 años, ¿le importan todavía esas licencias a alguien de esa edad…?

Sea como fuere, por omisión, falta de eficacia, descuido o por paternalismo indebido, el resultado fue el mismo: nuestro hombre, muy a su pesar, no se alegrará con una erección espontánea en lo que le quede de vida. No se pudo comprobar, las encuestas son anónimas, si al paciente le dieron e hicieron firmar el documento de consentimiento informado, documento en el que debe detallarse por escrito las principales características y  riesgos de los procedimientos o intervenciones a las que van a ser sometidos los pacientes y donde éstos dan su consentimiento mediante firma. Casi pondría la mano en el fuego a que sí lo hicieron, porque nuestros profesionales suelen cumplir con esta obligación, aunque no sea más que por evitar luego problemas ante posibles demandas. El dato no vendría sino a corroborar que este derecho a ser informado y consentir por escrito en determinados casos como el de las intervenciones quirúrgicas, igualmente recogido en la ley mencionada anteriormente, se está convirtiendo la mayoría de las veces en un mero trámite burocrático cuyo principal fin no es garantizar la autonomía de la voluntad de las personas, sino salvaguardar las formas legales. ¡Existen documentos de consentimiento informado para las ecografías prenatales!, procedimiento que no entraña ningún riesgo ni para el feto ni para la madre. Pero así, las madres se dan por enteradas que con esa técnica solo se puede detectar el 60 % de las anomalías fetales existentes. Por si las moscas…

La información es uno de los puntos débiles de nuestro sistema sanitario. Así lo reflejan los pacientes en las encuestas. Los médicos, por su parte, reclaman, no sin razón, más tiempo para poder informar adecuadamente y también más apoyo por parte de la administración ante los casos de demandas de pacientes. La sensación actual en estos casos  es la de estar en la más absoluta intemperie. Quizá se necesite también más formación, sobre todo en temas relacionados con las habilidades de comunicación de nuestros profesionales. La información es la calve de la relación médico-paciente y por tanto debe ser un tema prioritario en el que tenemos que trabajar todos para mejorar la calidad de nuestro sistema sanitario.  Y también, por supuesto, porque, como se ha visto, el sexo no tiene edad y, en el futuro, yo tampoco quisiera renunciar a esa dulce golosina sin previo aviso.